Una vida imaginaria

 Durante mucho tiempo, mi mente ansiosa creaba una y otra vez escenarios imaginarios de la vida, que no tenían la minúscula posibilidad de ser posible, y haciendo uso de una ávida fantasía, ponía a Manri en escenarios, en momentos de la vida que no serían posibles jamás, llevándolo con esta actitud a ser una especie de fantasma, asignándole papeles que no solo no serían posibles, si no que nada me podía decir a mí, que Manri los hubiera hecho si su vida hubiera tenido otro destino, y solo respondían a mi necesidad de mantenerlo vivo aun fuera imaginariamente.
Toda esta habida imaginación cumplió un papel en mi proceso, permitiéndome despedirme de mis ilusiones, de mis sueños para él, y en este proceso poco a poco me fui desprendiendo de todo aquello que jamás seria, pero antes de le dejarlas ir, lo imagine en su matrimonio y llorar por su ausencia, lo imagine graduarse con honores como un Ingeniero, lo imagine enviar un robot de su diseño a la Luna, lo imagine realizar sus sueños que nos dejo y darnos cuenta con aquellos jamás podrían ser realidad, y tal vez uno de los más dolorosos es imaginarlo con hijos que jamás serán posibles.

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Pedirle Peras al Olmo

Los conflictos con los demás, enfrentado la muerte de uno o varios de nuestros hijos, nos hace perder la poquito balance que tenemos… 
De los grandes conflictos que se estrenan con la muerte de nuestros hijos, es que la vida de los demás continua y para nosotros, el mundo se está derrumbando, y todos los demás, nuestra impresión es que continúan su vida como si nada hubiera pasado, y para nosotros, el terremoto luego de los primeros días que la compañía abunda, continua, la réplicas de aquel cataclismo, son una más potente que la otra, y todos los demás que no somos nosotros, todos ellos que no viven en nuestro techo, en nuestro pellejo, sencillamente siguen su vida, siguen riendo, siguen corriendo, siguen su vida, siguen siendo los mismos, como si nada hubiera pasado.
Es poco decir que nuestro mundo se cae a pesados, y empezamos a recibir, de toda esta gente que parece no afectarle la muerte de nuestros hijos, frases trilladas tan falsas y tan sin sentido, como podrían ser: “ahora tienes un angelito en el cielo”, el famoso y vacío “lo siento”, “Dios lo libro de algo peor”, “entrégueselo a Dios”, “los hijos no nos pertenecen”, “yo no sé como hace usted, yo me moriría sin un hijo mío muere”, “Dios todo lo hace perfecto”, “usted se siente así porque está lejos de Dios”, “ya no llores, el está mejor”, “te acompaño en tu sentimiento”, “lo que sientes es falta de fe”, y las frases pueden ser tantas como páginas quisieramos llenar, y todas tiene en común un enorme vació, quizás podríamos de esta, que son irrespetuosas ante el sufrimiento, porque todas estas frases, están hechas de ignorancia, carecen quizás de los más importante, la experiencia, la sabiduría que se necesita para dar consuelo, para entregar un frases de estas, y no solo repetirlas, como loras.

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