Faltan pocos días para que una vez más el Árbol de navidad del Hospital de Niños sea iluminado, hace ya algunos años recibimos un mensaje de nuestro guía espiritual y amigo P. Mauricio Cavada Azofeifa y me gustaría rescatarlo y presentarlo una vez más en Kykelandia.
Es tan valido como el mismo día que Mauri no lo envio: 11/2006
Árbol de navidad del Hospital de Niños
P. Mauricio Cavada Azofeifa ocd
En San José de Costa Rica todos los años días antes de Navidad hay un gran acontecimiento; la iluminación del árbol de navidad del Hospital de Niños.
Muchas veces, por no decir siempre acudimos a ver tan hermoso espectáculo navideño que os recuerda la alegría del advenimiento de Jesús, como niño al mundo. Es hermoso ¿tendrá cinco pisos de alto el árbol?, cuántas luces tiene?, y que gasto produce para tan bello gesto?, pero me surge una pregunta ¿te has preguntado o te preguntaste alguna vez cuántos niños hay detrás de ese árbol, y por que razón están esos niños hay.
Niños con cáncer, leucemia, hidrocefalia, accidentados, quebrados, golpeados por sus propios padres, violados, asmáticos, parálisis cerebral, en coma, atropellados, abandonados, sin nombre desconocidos por sus propios padres que los dejan. Y detrás de esos niños cuantos padres y madres, sufriendo la agonía del dolor de la impotencia de no contar con los medios para “salvar” a su hijo; sitiándose culpables, preguntándose, por que Dios nos “manda esta prueba” o pensando qué pecado cometieron para merecer tal dolo. Cuantos padres y madres buscando el financiamiento para un examen, que el sistema no te puede dar por que la máquina fue comprada de segunda mano y para lo único que sirvió fueron para enriquecer a los satisfechos.
Pues yo soy sacerdote, experimento el dolor de muchos a diario, muerte, enfermedades, accidentes, hogares destruidos, jóvenes golpeados por el incierto futuro que no les depara nada pues los bienes económicos no están para ellos.
Cuánta desgracia, cuánto dolor, cuanta miseria, debo ver a diario; eso sin contar mi propio dolor y mi propia miseria y saben lo que lamento.
Que tuviera que vivir la muerte de un niño de catorce años arrollado por un irresponsable, que haciendo uso del libre albedrío que Dios le dio, decidió no respetar el ordenamiento natural del transito y destruyó a tantas personas. Fue necesario que el sobrino de una de las familias mas queridas por este sacerdote muriera para preguntarme que había detrás de ese árbol tan grande tan bonito, tan iluminado, el paseo anual a ver el Árbol de Navidad del Hospital de Niños.
Entonces vuelvo los ojos al Señor y le doy gracias pues nuevamente a través de un hijo muerto abrió los ojos de este sacerdote y logró ver que los accidentes, los niños accidentados, los niños con cáncer, los niños golpeados , los niños arrollados, los niños abandonados estaban detrás de ese árbol. Siempre han estado, siempre estarán, pero fue necesario un golpe, para darme cuenta que estaban y estaban hay.
Fue necesario que yo experimentara el dolor de los deudos para darme cuenta que no quería ver mas un realidad como esa y ahora que la veo, será justo, que a partir del descubrimiento que he hecho reniegue. Es decir si no me toca vivir esto seguiría viviendo indiferente, sería feliz, estarían todos contentos y ” aquí no ha pasado nada.”
Niños heridos y de muerte ha habido siempre, el problema es donde estamos aquellos que escuchamos una y otra vez las palabras de Jesús que dijo ” el que le hace algo a uno de estos, los mas pequeños ( algo malo se entiende), mas le vale ponerse una piedra en el cuello y tirarse al mar”.
Pero no, quedamos obnubilados por las luces, lo grande del árbol, cuantos bombillos, que costo, que altura tendrá.
Hoy me pregunto por qué. y antes qué? Hoy quiero consuelo, y a cuantos consolé, hoy quiero respuestas y a cuantos se las di.
La verdadera Luz de Luz no nos deja indiferente sino que ilumina nuestro andar para que veamos la Verdad del mundo y la Verdad del mundo es que quiere que todos se salven, que todos lleguemos a Dios, pero por estar mirando el bendito Árbol de navidad del Hospital de Niños, no vi nada. Y, ahora que veo la realidad me pregunto no porqué Dios permite esto o aquello, sino que puedo hacer para sanar tantos corazones afligidos que me veían desde las ventanas del hospital como cual turista contemplaba Las luces de fantasía.
Duro, duele, da rabia, pero es o no así? En mi caso sí.
P. Mauricio Cavada Azofeifa ocd
mauricio.cavada@gmail.com

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