Carta de un Damnificado
29 01 2009Estoy vivo…aunque mi corazón y mi alma se han derrumbado, una gran parte de mi ser yace en el fondo del precipicio que me vio crecer; crecer, jugar y reír con la misma inocencia la cual esconden muchas personas debajo de la tierra que una vez fue el lugar mas bello del mundo… al menos para mi.
Por un momento casi eterno pensé que mi ser se uniría para siempre con el pueblo que tanto amé, talvez no mi cuerpo, mi cuerpo pudo haber salido, inerte pero “seguro”; pero mi alma, oh si mi alma hubiera perecido para convertirse con ese montón de tierra en uno solo, pero no fue así, gracias a la Gracia divina del ser supremo y a los cuerpos de socorro que me sacaron de ahí puedo compartir con ustedes mis hermanos, mi terrorífica historia y su final “felíz”, y además quiero agradecerle a todas y cada una de las personas que han hecho de nuestra situación (en nombre de todas las victimas) un nuevo comienzo menos duro.
Salí de mi casa y de lo que quedaba de mi pueblo con mis seres queridos sanos y salvos, mi pierna sangraba aunque era el corazón el que dolía ya que muchos de mis vecinos y amigos salieron con un seno familiar incompleto y eso me llenaba aun mas de tristeza, ver atrás y decir adiós a los cuerpos que debajo de la tierra no se ven y a los restos de las casas donde muchas tardes tomamos café conversando como todo un pueblo, una comunidad, la comunidad de Cinchona de Sarapiquí.
Quiero decirle a mis amigos afectados, esos con los que compartí al igual que mi familia un desastre tan horrible, con los que crecí y jugué en las calles, ríos, senderos… de Cinchona, que les deseo mucha paz y fortaleza, que comparto su dolor porque sus seres queridos también eran mis seres queridos, que sepan que podemos llorar juntos cuando recordemos lo bello que fue nuestro hogar.
Doy gracias al país entero y a algunos que viven en el exterior por la manera en la que se han comportado con respecto a nuestra situación y les puedo decir: agradezco su ayuda y sus condolencias, pero también déjenme decirles que la única manera en la que ustedes puedan hacerse una idea de lo terrible que fue y es para nosotros, es haber estado ahí, aunque no era ahí donde los ocupábamos, es aquí, donde están ahora donde los queremos, a nuestro lado dándonos su hombro para que nosotros lloremos.
Gracias infinitas y que Dios los bendiga y nos proteja a todos de algo semejante a lo que hizo que Cinchona de Sarapiquí, el jueves 8 de Enero de 2009 desapareciera.
Categorias : Cartas














Comentarios recientes