Una vida imaginaria

 Durante mucho tiempo, mi mente ansiosa creaba una y otra vez escenarios imaginarios de la vida, que no tenían la minúscula posibilidad de ser posible, y haciendo uso de una ávida fantasía, ponía a Manri en escenarios, en momentos de la vida que no serían posibles jamás, llevándolo con esta actitud a ser una especie de fantasma, asignándole papeles que no solo no serían posibles, si no que nada me podía decir a mí, que Manri los hubiera hecho si su vida hubiera tenido otro destino, y solo respondían a mi necesidad de mantenerlo vivo aun fuera imaginariamente.
Toda esta habida imaginación cumplió un papel en mi proceso, permitiéndome despedirme de mis ilusiones, de mis sueños para él, y en este proceso poco a poco me fui desprendiendo de todo aquello que jamás seria, pero antes de le dejarlas ir, lo imagine en su matrimonio y llorar por su ausencia, lo imagine graduarse con honores como un Ingeniero, lo imagine enviar un robot de su diseño a la Luna, lo imagine realizar sus sueños que nos dejo y darnos cuenta con aquellos jamás podrían ser realidad, y tal vez uno de los más dolorosos es imaginarlo con hijos que jamás serán posibles.

Todos estos y muchísimos más eran sueños que construía en mi imaginación, y todos corresponde a un futuro soñado que no serán posibles, y muchas de las lágrimas derramadas durante toda esta historia, fueron cuando esos sueños caían hechos mil pedazos para jamás poder ser realidad.
Mirando todo estos intentos retrospectivamente, tengo la certeza de que todo este esfuerzo no fue en vano, cumplió un cometido como todos los aciertos o desaciertos de nuestro proceso, y todo este sufrimiento, todo este dolor de solo tenerlo de forma imaginaria, un buen día me enseñó que no tenía sentido, y que lo que tocaba era buscarlo en la verdadera dimensión de la nueva vida de Manri, comprendí entonces que todo aquello imaginario no me acercaba y lo que realmente hacia era alejarme de él, que lo único que me traía eran tristezas innecesaria, que insistir en mantenerlo vivo imaginariamente era una especie de locura, que en cada regreso del mundo de la imaginación era como verle morir una vez más, que mantenerlo imaginariamente vivo era crear otra persona que el no era, y que tal vez lo más importante, que esa actitud, no me permitía sentirlo con su nueva presencia, que ya no correspondía a un ser humano, correspondía a un ser completamente pleno, completamente espiritual.
Un día hablando con el mejor amigo de Manri, un chico bueno que Manri decía que lo cuidaría toda su vida, me relato, que él le decía: que no sabía que iba ser realmente de grande, cuando se hiciera un adulto, y le decía: que lo que realmente el iba ser, era el copero bilingüe de la Sabana (Parque Metropolitano la Sabana), y al escuchar replicar esto, en mis momentos de reflexión, buscando las pistas que él nos dejó, un buen día caí en cuenta que todos aquellos castillos que había construido alrededor de la vida de Manri, estaba construidos en el aire, que eran mis sueños y no los de él, y de cierta manera, ese horizonte que el vislumbraba para su vida, como su futuro, reflejaba su incapacidad de mirar al futuro y verlo realmente.
Toda esta actitud, es una costumbre muy arraigada en todos nosotros, la cual podríamos describirla como vivir pendiente de lo que no tenemos y tal vez, muchas veces nos hace perder de vista lo que, si tenemos, alejándonos de lo único que realmente tenemos que es nuestro presente. Viajamos al futuro que no existe, y que por más que pidamos al cielo que se cumpla, jamás será posible, y en cada viaje a pesar de ser nuestra forma de mantener nuestros sueños, nuestras ilusiones vivas, también nos torturamos como si fuera una necesidad tratar de cambiar el designio de los tiempos, del destino, y en este intento imaginario que nace sin tener posibilidad alguna, nos olvidamos a ratos de lo que, si tenemos, de lo que si realmente tenemos.
Durante un tiempo toda esta imaginación fue el vínculo que lo mantenía vivo, hasta que comprendí que él tenía una vida, nueva, diferente, espiritual, y que en esta nueva vida, está lejos de hacer lo que hacemos los que estamos vivos, y no puedo precisar cuándo comprendí todo esto, seguramente fue un buen día que mi corazón me guió a deponer esta actitud, de vivir imaginariamente, y fue ese mismo día, cuando lo encontré nuevamente, a Manri, sin la imaginación de por medio, fue cuando comprendí que él es luz y que siempre lo fue.

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