Pedirle Peras al Olmo

Los conflictos con los demás, enfrentado la muerte de uno o varios de nuestros hijos, nos hace perder la poquito balance que tenemos… 
De los grandes conflictos que se estrenan con la muerte de nuestros hijos, es que la vida de los demás continua y para nosotros, el mundo se está derrumbando, y todos los demás, nuestra impresión es que continúan su vida como si nada hubiera pasado, y para nosotros, el terremoto luego de los primeros días que la compañía abunda, continua, la réplicas de aquel cataclismo, son una más potente que la otra, y todos los demás que no somos nosotros, todos ellos que no viven en nuestro techo, en nuestro pellejo, sencillamente siguen su vida, siguen riendo, siguen corriendo, siguen su vida, siguen siendo los mismos, como si nada hubiera pasado.
Es poco decir que nuestro mundo se cae a pesados, y empezamos a recibir, de toda esta gente que parece no afectarle la muerte de nuestros hijos, frases trilladas tan falsas y tan sin sentido, como podrían ser: “ahora tienes un angelito en el cielo”, el famoso y vacío “lo siento”, “Dios lo libro de algo peor”, “entrégueselo a Dios”, “los hijos no nos pertenecen”, “yo no sé como hace usted, yo me moriría sin un hijo mío muere”, “Dios todo lo hace perfecto”, “usted se siente así porque está lejos de Dios”, “ya no llores, el está mejor”, “te acompaño en tu sentimiento”, “lo que sientes es falta de fe”, y las frases pueden ser tantas como páginas quisieramos llenar, y todas tiene en común un enorme vació, quizás podríamos de esta, que son irrespetuosas ante el sufrimiento, porque todas estas frases, están hechas de ignorancia, carecen quizás de los más importante, la experiencia, la sabiduría que se necesita para dar consuelo, para entregar un frases de estas, y no solo repetirlas, como loras.

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Trascender

Cada uno de nosotros los que hemos perdido a un hij@ se embarcará  en un viaje que no ha hecho jamás, y tendrá que construir su propio camino de regreso, algunos le llaman trascender…. el mío lo describo hoy a siete años de esta manera:

Cuando Manri murió el único camino que veía era el fin, el fin de mi vida, de la paz en mi corazón, y en cierto modo así fue, durante mucho tiempo lo único que encontraba como camino era el fin, pero también fue el principio de muchas otras cosas.

La muerte de Manri me convirtió de cierta manera en un barco a la deriva,  durante todo ese tiempo me mantuve a la merced del movimiento de las aguas que navegaba, huracanadas y oscuras, me llevaban al dolor y al sufrimiento y de mi vida lo único que quedaba era eso y el amor por Lena mi hija y hermana de Kyke.

No me importaba nada, los días fueron eternos y me pasaba escribiendo mi dolor y llorando, y cuando me encontraba con Lena y la mamá de Kyke doña Daisita me hacia el fuerte, solo escribía y escribía como si con ello pudiera mantener su vida, como si con escribir pudiera hablarle y mantener la comunicación con mi hijo que había muerto.

Pasaba el tiempo y fue el amor por Lena y la promesa que le ofrecí a Kyke, ya muerto, la senda para buscar el camino de regreso, de regreso del mar adentro donde me llevo el dolor y la tristeza.

Fue darme cuenta que mi dolor no era el único, lo que empezó a forma un camino de regreso, fue ver a Lena mi hija sola y Daisy mamá de Kyke sufriendo todos, solos, fue darme cuenta que yo no fui el único que había perdido con la muerte de Kyke, que todos lo habíamos perdido.

También en esos días conocí a padres como nosotros  que se enfrentaban a lo mismo, habían perdido a sus hijos o hijas, cada uno con su historia  y acompañados, peros solos, enfrentaban la muerte de sus hij@s.

Estos fueron los primeros pasos de regreso de mi mar adentro, de donde me dejo la muerte de Kyke, y como dice el poema famoso, fue hacer camino al andar, empujado por el amor de Lena y el amor de Kyke, de mi decisión de regresar y de tener una vida plena. Sigue leyendo